Jueves, Abril 18, 2024
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El deporte, la violencia, el fuego y la comunidad

El sociólogo experto en deporte, Claudio Bossay, nos comparte su análisis de la violencia que se vive en el estadio y la importancia estratégica del deporte para el país.

La cultura deportiva, duró hasta que finalizaron los Juegos Santiago 2023, muchos y muchas conocieron deportes nuevos, que en sus vidas no hubiesen podido disfrutar sin la organización de estos.

Pero una vez finalizados, poco hemos sabido de su legado, salvo el de “la infraestructura”, que vemos todos los días, pero que aún no se entrega a la comunidad y que las actividades que se han realizado son más en la línea “competitiva” y del “espectador”, pero poco desde un legado cultural, social o de masividad de la práctica física deportiva.

Ya, a casi 3 meses de los Juegos Santiago 2023, nuestro Parque Deportivo Estadio Nacional solo se ha utilizado para eventos competitivos, escolares, de natación, hockey o tenis y, malamente, por el fútbol profesional, con un bajo acceso a las personas y especialmente a los vecinos y vecinas de las comunas aledañas.

En esa misma línea, el Parque Cerrillos aún abierto de forma parcial, con infraestructura deportiva panamericana casi botada (muro de escalada) y con el próximo evento cultural privado, ad-portar “Lollapalooza”, evidenciando un bajo aporte al legado de la infraestructura a la fecha. 

La violencia vinculada al fútbol, junto a los hechos del fin de semana pasado son solo un reflejo de nuestra sociedad chilena, sumergida en un problema de “inseguridad y delincuencia”.

Frente al cual la historia nos indica que las soluciones “draconianas” sobre las personas, no son una solución en el largo plazo pues podrían llevar a aumentos escalonados de la violencia entre las personas.

La práctica física deportiva es una gran herramienta de solución de conflictos y de disminución de la violencia, muchos pensadores señalan al deporte o la práctica de estas manifestaciones, como unos de los primeros elementos “civilizatorios de las sociedades modernas”, no solo por la solución de conflictos, sino también en un sentido de pertenencia y representatividad.

Una representatividad “diversa”, pero que nos “una”, es la variable que nos está faltando.

Nuestra sociedad se encuentra fraccionada, tenemos variados partidos o agrupaciones políticas y muchos grupos dentro de los mismos partidos.

En el deporte, y el fútbol en particular, pasa algo similar, también reflejo de nuestra sociedad.

En un “equipo” de fútbol profesional nos encontramos con variados actores, y todos con sus propios principios u objetivos particulares, desde los diversos administradores de un club social, deportivo o SADP, hasta en cada una de las facciones existentes dentro de las mismas barras o hinchadas.

El Estado y los diversos gobiernos declaran la importancia de la masificación de la práctica física deportiva, pero en la práctica sus acciones, en su mayoría, están dirigidas a grupos particulares (y pequeños) de personas y privados, de forma casi paternalista, especialmente desde lo financiero. 

En Chile, existen más de 50 mil organizaciones de la sociedad civil vinculadas al mundo del deporte y la recreación, y solo un 5% de la población participan en éstas (CASEN 2022). Los diversos gobiernos han ido creando una serie de normativas para la regulación de éstas organizaciones, pero muy pocas veces realizan diagnósticos basados en evidencia científica sobre las reales necesidades de éstas organizaciones, más bien han mantenido estrategias y acciones de políticas públicas vinculadas al mundo de la competencia y el espectáculo en general, dejando de lado una mirada comunitaria y de desarrollo de las organizaciones sociales vinculadas al deporte y la recreación.

Nuestra actual Política Nacional de Actividad Física y Deporte, realizada de forma participativa, posee como propósito central la masificación de la práctica física deportiva en la población nacional, pero la mayoría de los esfuerzos de los últimos gobiernos han ido a las líneas del deporte de alta competición o alto rendimiento y la construcción de infraestructura para el deporte, pero con resultados poco efectivos, donde si bien la práctica ha aumentado ligeramente, esta no ha sido la suficiente para disminuir los efectos nocivos de su ausencia o el sedentarismo, tales como el sobre peso o la obesidad.

Tampoco se ha logrado que los que practican deporte logren plasmar todos los aportes sociales y de valores positivos que puede entregar la práctica física deportiva.

No basta solo que en el Congreso Nacional legislen normativas que traten de regular las conductas poco apropiadas en el mundo del deporte, como ha pasado con la ley de federaciones deportivas nacionales, el Decreto 22 vinculado a la prevención y sanción de las conductas de acoso sexual, abuso sexual, discriminación y maltrato en la actividad deportiva nacional, o el aumento de las sanciones a los dirigentes deportivos en casos de corrupción, donde si bien pueden haber diagnósticos adecuados, sus soluciones o remediales, no pasan, como ya lo dijimos, solo por ajustar o crear nuevas normas, sino por un real trabajo con las organizaciones sociales y deportivas.

La violencia en el fútbol es solo el reflejo de nuestra sociedad chilena, individualista y competitiva, con un bajo desarrollo de su tejido social orgánico, donde se “dice ser” de un grupo o agrupación, pero no interesa qué pasa o como uno, siendo parte de esa agrupación, aporta al desarrollo del bien común.

Si el Estado, y los Gobiernos desean realmente apostar a un cambio conductual vinculado al aumento de la práctica física deportiva y además disminuir la violencia en todas sus manifestaciones, sería prudente pensar en cómo mejorar ese tejido social orgánico en el deporte, no con más normas, sino con acciones concretas de políticas públicas que permitan entregar las herramientas básicas, para primero acompañar a las más de 50 mil organizaciones vinculadas al deporte y la actividad física, activándolas, pero sin dejarlas de lado.

Claudio Bossay Salinas
Claudio Bossay Salinas
Claudio Bossay Salinas es Sociólogo, Magister en Gestión Deportiva, académico y comunicador comunitario.
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