Viernes, Junio 14, 2024
InicioIdeas y opinionesSi no huele a estallido, huele a algo muy parecido: el peligro...

Si no huele a estallido, huele a algo muy parecido: el peligro de acumular miedo y rabia

Todo lo que sucede una vez puede que no suceda nunca más. Pero todo lo que sucede dos veces, sucederá, ciertamente, una tercera vez. La situación de inseguridad amerita que el gobierno tome nota antes que sea demasiado tarde. No vaya a ser que la rabia nos pille mal parados una segunda vez.

Si no huele a estallido, huele a algo muy parecido

Después del estallido social todos nos preguntamos cómo no lo vimos venir.

Sin embargo, había señales.

Había ministros pidiendo que la gente se levante más temprano. Había gente sencilla acusada de hacer vida social en los consultorios. Había enfermos terminales que se morían sin poder usar el dinero que tenían ahorrado para sanarse.

Pero también había inseguridad, al punto que en Maipú vimos incrédulos como vecinos comunes y corrientes salieron a las calles por primera vez desde la Dictadura a manifetarse en sus barrios contra la delincuencia.

Todo lo que sucede una vez puede que no suceda nunca más. Pero todo lo que sucede dos veces, sucederá, ciertamente, una tercera vez.

La frase es del escritor brasileño Paulo Cohelo, un autor despreciado por los intelectuales, pero que esconde una terrible verdad: el peligro no está en que algo pase dos veces, sino en que pase tres.

En estas últimas semanas un policía fue asesinado por una turba, en Maipú mataron a balazos a un barrista después de un partido de fútbol amateur, estudiantes de un liceo molieron a palos a un carabinero en Concepción y siguen apareciendo cadáveres y partes de cuerpos mutilados en distintas partes de Chile.

Los asaltos en la calle parecen una lotería y nadie sabe cuándo le tocará un portonazo, una encerrona y, ahora último, hasta un secuestro.

Por si fuera poco, pillaron al abogado penalista más importante de la elite dando una master class de cómo se hacen negocios cuando hay plata y contactos sobre la mesa.

Audios que confirman lo que ya sabíamos, que ante los ojos del Estado todos somos iguales ante la ley. Sólo que unos son más iguales que otros.

Esta semana vecinos de Maipú volvieron a manifestarse en el barrio Pehuén contra la delincuencia. Algo que no pasaba desde los meses previos al primer estallido.

Si estas señales no le parecen suficientes, déjeme contarle una historia que pasó estos días en Maipú, donde vivo.

El domingo en la noche, un jubilado de 72 años fue a comprar a la botilleria en la Villa El Abrazo de Maipú.

Una banda de motochorros lo asaltó mientras volvía a su casa por calle Abisnia. Le quitaron la billetera, el teléfono y le clavaron tres puñalazos en la pierna.

Lugar donde fue atacado el adulto mayor, se pueden ver las manchas de sangre en el pavimento

Un vecina salió en su ayuda, aplicándole un torniquete gracias a sus conocimientos de enfermería y lo ayudó a llegar a la casa, donde lo esperaba su hija.

Ana no entendía nada. Su padre fue a comprar a la esquina y volvió apuñalado, desangrándose.

Tuvieron que esperar más de una hora por la ambulancia. Carabineros también tardaba en llegar, y los motochorros tuvieron hasta tiempo de hacer un par de asaltos adicionales antes de retirarse de la villa.

“Mi padre no se viste con ropas caras, ni nada, no tenía nada que le pudieran robar, lo apuñalaron de pura maldad. Si no es por la enfermera que lo atendió, mi papá se muere desangrado”, relata Ana.

Finalmente, llegó la ambulancia y partió rumbo al Hospital El Carmen.

Pero Carabineros no llegó ni a la casa ni al hospital. Por esta razón el caso quedó sin parte policial. Un asalto más que ni siquiera quedó para las estadísticas.

Esa noche los grupos de Facebook y los WhatsApp vecinales comenzaron a alertar sobre una banda de motochorros.

Algunos testigos decían que eran extranjeros, otros aseguran que había un chileno también.

Una vecina denuncia que su cuñada también fue apuñalada en la pierna por los mismos delincuentes esa noche. Alguien manda un video de dos motos que habían atacado a otros vecinos el sábado en el Barrio Los Héroes, cruzando camino a Melipilla.

Todos preguntan pero no hay carabineros, ni policías, ni fiscales que respondan.

La Comisaría más cercana está al otro lado de la comuna y la Fiscalía Occidente, donde se investigan los crímenes, está en el centro de Santiago.

El padre de Ana fue devuelto desde el hospital a primera hora a su casa. Tuvo que traslasdarse por sus propios medios.

En el hospital no había camas, ni médicos, ni recursos suficientes para dejarlo en observación.

A su edad el hombre debería estar jubilado, pero trabaja como bombero en una bencinera.

Su hija no sabe qué hacer. Teme por su padre, pero sobre todo por su hija, que debe transitar de noche por el sector.

Conversamos al día siguiente, y me confiesa que se está coordinando con sus vecinos para hacer una reunión. Habla incluso de hacer una barricada, de parar el tránsito para que la escuchen.

El miedo esa noche no entró a la casa de Ana por la televisión, ni por las redes sociales. Entró por la puerta cojeando y con la pierna herida de tres puñaladas.

El ataque de los motochorros ni siquiera salió en las noticias.

Hace cuatro años también había miedo, un miedo que luego se transformó en rabia y que explotó como un volcán.

El problema con el miedo es que rápidamente puede cambiar a algo peor, como una materia inestable y combustible, peligrosa de manipular.

El gobierno debe tomar nota antes de que sea muy tarde; buscar caminos de salida cuando aún tenemos miedo.

No vaya a ser que la rabia nos pille mal parados una segunda vez.

Porque si no huele estallido, huele a algo muy parecido.

En un mundo donde se castiga el pensar distinto, en Prensa Poniente fomentamos la diversidad e ideas. Las opiniones enviadas a contacto@prensaponiente son siempre a título personal y, afortunadamente, no siempre coinciden con la línea editorial de nuestro medio.

¿Te gustó esta nota?

Ayúdanos a seguir escribiendo noticias, reportajes y denuncias como éstas en las comuna del Poniente de la Capital.


- Advertisment -