El Parque Fotovoltaico Rinconada Solar amenaza al Santuario Quebrada de la Plata en Maipú y Pudahuel. Ambientalistas piden transición energética sostenible que respete la biodiversidad.
En medio del urgente proceso de transición justa hacia una matriz energética limpia, el país ha sido testigo de una explosión de proyectos renovables a gran escala.
Uno de ellos, publicado recientemente en medios locales de la comuna de Maipú, es el Parque Fotovoltaico Rinconada Solar, actualmente en evaluación ambiental como Estudio de Impacto Ambiental (EIA) bajo la tipología de central generadora de más de 3 MW, junto a líneas de transmisión (LAT de 220kV) y subestación elevadora.
Este megaproyecto de más de 350 millones de dólares se emplazaría en las comunas de Maipú y Pudahuel, tan solo a menos de 500 metros del Santuario de la Naturaleza Quebrada de la Plata.
El proyecto contempla una capacidad instalada de 254,3 MW, lo que constituye un avance tecnológico relevante y coherente con los objetivos de la política de descarbonización mundial hacia el 2050.
Sin embargo, surge una interrogante fundamental, ¿cómo se concilia esta infraestructura energética con la protección de ecosistemas estratégicos y el respeto por las zonas de alto valor ecológico?
Más aún cuando las 272 hectáreas destinadas al proyecto corresponden a terrenos arrendados por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile, específicamente en la Estación Experimental Germán Greve Silva, institución que, por su rol académico y científico, también tiene una responsabilidad en la preservación de la biodiversidad y la integridad del entorno natural en que se insertan.
Un ecosistema único a 15 minutos del Centro de Maipú

El Santuario de la Naturaleza Quebrada de la Plata, promulgado en 2016 y administrado por la Universidad de Chile, según el Decreto 44 del Ministerio del Medio Ambiente, no es solo un área silvestre protegida, sino que un ecosistema único que conserva más de 1.100 hectáreas con alrededor de 1.500 especies de flora y fauna nativa, muchas de ellas en peligro de extinción.
Su endemismo es tal que el relicto cumple funciones críticas de recarga hídrica del acuífero del Maipo.
La proximidad del megaproyecto fotovoltaico no es una simple coincidencia geográfica, sino un factor de riesgo significativo para un espacio que ya enfrenta presiones urbanas e infraestructurales, como el proyecto vial Orbital Norponiente, y sobre el cual hoy se cierne una nueva amenaza antrópica, legitimada por los accesos ilegales al santuario, entre motos, perros y personas que no comprenden el valor endémico del patrimonio ecológico de la región, el cuál ha sido también invisibilizado por los instrumentos de planificación territorial y respaldada por políticas estatales orientadas a asegurar una inversión sin ordenamiento territorial claro.
No es menor mencionar que La Municipalidad de Maipú posee una ordenanza de medio ambiente que nadie parece acoger para aplicar regulaciones ambientales territoriales en el Santuario.
Progreso, ¿pero a qué costo?
El dilema no radica en rechazar el progreso, sino en demandar un progreso con responsabilidad ecológica y justicia territorial, que considere alternativas de emplazamiento y medidas de mitigación equilibradas, así como la opinión de las comunidades locales, el conocimiento técnico y los compromisos ambientales internacionales.
Hasta ahora, aunque el proyecto ha reportado procesos de participación ciudadana temprana, serían de pero grullo, un mero trámite para validar las líneas de base del proyecto ante un marco legal con una participación ciudadana no vinculante.
La escala del parque, su conexión de alta tensión y su cercanía a uno de los 34 hot spots de biodiversidad del planeta requieren una transparencia y voluntad de diálogo mucho mayores por parte de titulares y de las autoridades competentes.
A esto se suman los impactos sinérgicos con el Orbital Norponiente, que amenazan con eliminar uno de los pocos pulmones verdes de la Región Metropolitana.
Chile no puede seguir construyendo “desarrollo verde” sobre territorios que sinérgicamente ya cargan con la huella del centralismo y la desregulación ambiental.
Lo que está en juego no es solo un parque solar, un proyecto vial o un santuario, sino más bien prevenir el de crear nuevas zonas de sacrificio en lugares donde estratégicamente ya han sido declarados como áreas protegidas de la biodiversidad (SBAP) o donde ya tenemos la mayor industria sanitaria del país (RSSP, PTAS Trebal, La Farfana).
Por lo anterior, debemos hacernos la siguiente pregunta, ¿de qué modelo de transición energética es el que queremos para el futuro?
Por parte de las comunidades es claro que será uno que respete los límites ecológicos, valore el conocimiento holístico y entienda que la energía limpia no puede nacer de una lógica extractivista vestida de verde, sino que, de un ordenamiento territorial realmente sostenible, con miras hacia las políticas internacionales de descarbonización y defendiendo la diversidad biológica local, ante la inminente crisis climática.
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Pedro Lazo,
Ingeniero Electrónico, Civil Industrial.
Magíster en Tecnologías y Gestión de las Energías Renovables, Magíster en Ingeniería Industrial (c)
Miembro Organización Ambientalista y Defensa Santuario de la Naturaleza Quebrada de la Plata.
Miembro Comisión de Medio Ambiente, Comisión de Energía y Minería, Vocero Núcleo Ecosocialista, Comunal Maipú, Partido Socialista de Chile.
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