Entrevista a Claudia Atenas, profesora, administradora pública, y su innovadora apuesta por una ley de seguridad comunitaria
Claudia Atenas es una mujer alegre y con una esperanza a toda prueba.
Es profesora y administradora pública, y trabaja hace 20 años en reinserción escolar del Ministerio de Educación, un área clave para que los estudiantes que desertaron vuelvan a clases.
Orgullosa demócrata cristiana, dice representar una opción ni tan a la izquierda ni tan a la derecha, por eso cree que el apoyo a Jeannette Jara de la DC es clave para mantener los equilibrios.
En entrevista para Prensa Poniente, nos cuenta parte de su vida y sus ideas, y por qué cree ser la mejor opción para representar al Distrito 8 en la Cámara de Diputados.
¿Cómo ve Maipú y el distrito en general?
Cuando recorro el distrito veo realidades muy distintas, pero dolores que se repiten una y otra vez.
En Estación Central, el comercio ambulante desbordado refleja la falta de oportunidades y regulación; en Quilicura, la inseguridad se ha vuelto una urgencia comunal; en Cerrillos, los “turbazos” y las balaceras han llenado de miedo a las familias.
En el norte del distrito, Colina enfrenta la tensión de los desalojos y las tomas; Lampa sufre los tacos eternos y la falta de transporte digno; y Til Til sigue pagando el precio de la injusticia territorial, cargando con relaves y rellenos sanitarios que saturan su entorno.

A eso se suma Pudahuel, donde miles de familias viven entre la contaminación y el abandono estatal, con servicios públicos que no alcanzan y barrios que reclaman presencia real del Estado.
Y en Maipú, la comuna más grande del distrito, el diagnóstico es claro: hay un desgaste profundo en la confianza hacia las instituciones, los servicios municipales y las respuestas en materia de seguridad.
Los problemas de congestión, acceso a salud y falta de planificación urbana se sienten todos los días.
Maipú refleja con fuerza lo que vive el resto del Distrito 8: esfuerzo, esperanza y también frustración ante las promesas incumplidas.
Si bien el Distrito 8 es diverso, todos compartimos los mismos dolores: la falta de seguridad, la precariedad en infraestructura y transporte, y la saturación ambiental por la concentración de empresas contaminantes.
Nuestro desafío es mirar este territorio como un solo cuerpo, donde cada comuna merece soluciones concretas y dignas, no parches ni discursos.
¿Cuál es su diagnóstico de la seguridad en el distrito y el país? ¿Es la situación grave?




Sí, es grave, pero sobre todo es una crisis de confianza. La gente siente que la seguridad se perdió y que nadie se hace cargo.
No se trata solo de más policías o más cámaras: se trata de presencia del Estado, de prevención, de luminarias que funcionen, de espacios públicos activos, de programas sociales que acompañen a nuestros jóvenes antes de que la delincuencia los capture.
Mi compromiso es impulsar una Ley de Seguridad Comunitaria, que financie luminarias, cámaras, prevención barrial y más recursos para los municipios, porque no hay seguridad posible si el territorio se siente abandonado.
¿Qué necesita Chile hoy en orden de prioridad?
Chile necesita tres cosas urgentes: seguridad, salud y confianza.
Seguridad para volver a vivir sin miedo; salud para que la dignidad deje de depender de la billetera o del lugar donde uno viva; y confianza, porque la gente ya no cree en los discursos.
Hoy el país necesita acuerdos amplios, pero también líderes que hablen claro, que se mojen los pies, que estén con la gente y que actúen con sentido común.
En un video para Prensa Poniente usted le puso tarjeta roja al candidato Kaiser. ¿Cómo lo ha visto tomando en cuenta sus últimos repuntes en las encuestas?
Las encuestas son solo una foto del momento. Lo importante es preguntarse qué tipo de país queremos construir. Yo no comparto los discursos que dividen, que relativizan la violencia o que ponen en duda los derechos de las mujeres.
Esa “tarjeta roja” no fue personal, fue un límite ético: en democracia no todo vale. Se puede pensar distinto, pero el respeto nunca puede perderse. Y si alguien sube en encuestas apelando al miedo o al resentimiento, la respuesta tiene que ser más democracia, más diálogo y más humanidad.
¿Cómo ha visto el desempeño de su candidata, Jeannette Jara?




Jeannette ha demostrado que se puede gobernar con firmeza y sensibilidad a la vez. Es una mujer preparada, que habla desde la experiencia y no desde los slogans.
Su liderazgo da confianza porque escucha, entiende y cumple.
Ella representa una política de soluciones reales, con los pies en el territorio y la mirada en el futuro. Lo que más valoro es que su proyecto busca unir, no dividir, y que pone la estabilidad del país por delante de la pelea chica.
¿Qué rol puede tener hoy la tradición demócrata cristiana tomando en cuenta el momento político que vivimos?




La Democracia Cristiana tiene la oportunidad de volver a ser un puente entre los extremos, de demostrar que se puede hacer política con humanidad, justicia y diálogo.
En un tiempo donde abunda la desconfianza, mi partido debe ser el espacio donde convergen quienes creen en el progreso con responsabilidad, en la solidaridad sin fanatismos, y en un Estado presente pero eficiente.
Nuestro rol es construir acuerdos que sirvan a la gente, no a los partidos. Esa es la esencia del centro político: escuchar, comprender y unir.
¿Ha sido difícil ser mujer en política? Cuéntenos por qué.
Sí, ha sido difícil. Todavía se nos exige demostrar el doble para que nos tomen en serio, y muchas veces se cuestiona el liderazgo de las mujeres desde estereotipos que ya deberían estar superados.
Pero también he visto cómo las mujeres hemos ido abriendo camino desde otro lugar: con empatía, con trabajo en equipo y con una mirada más humana de la política. En mi caso, ser mujer ha sido una fortaleza. Porque me ha enseñado a resistir, a escuchar y a no olvidar nunca que lo importante es mejorarle la vida a la gente, no ganar una discusión.
¿Qué mensaje envía a los votantes de estas elecciones en el Distrito 8?
Les diría que no se resignen. Que sí es posible hacer política de otra manera: con respeto, con empatía y con resultados. Soy vecina del distrito y conozco sus dolores, pero también su fuerza y su esperanza. Quiero ser la voz de quienes sienten que hace rato no los escuchan.
Porque vivir seguros, moverse dignamente y crecer con oportunidades no puede ser un privilegio: debe ser un derecho para todos los que vivimos en este gran distrito.




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