Entre balaceras, pobreza y abandono, una academiacomunitaria intenta devolverles la esperanza a decenas dejóvenes mediante el deporte en Maipú. Esta es la historia de Cristian Campos, su familia y los niños de “Sueños de Niñez”, una realidad marcada por la adversidad, pero también por lasolidaridad y los sueños.
Por años, las noticias sobre Maipú han estado relacionadas con delitos, balaceras y narcotráfico.
Sin embargo, detrás de esas historias existe otra realidad que pocas veces aparece en televisión: la de personas que intentan cambiar el destino de niños y jóvenes utilizando el deporte como herramienta de contención y esperanza.
En una multicancha ubicada cerca de la Carretera del Sol, antes de llegar al peaje Rinconada, funciona la Academia de Fútbol “Sueños de Niñez”, un proyecto comunitario liderado por Cristian Campos y su familia, quienes desde hace más de dos décadas trabajan con menores en situación de vulnerabilidad.
Todo comenzó cuando Cristian tenía apenas 17 años. Mientras jugaba fútbol conoció a quien más tarde sería su esposa.
Ambos compartían la misma idea: crear un espacio seguro para jóvenes de poblaciones vulnerables de Maipú, especialmente del sector Santa Teresita.
“Partimos trabajando con jóvenes de las poblaciones acá en Maipú y ya son 22 años trabajando en estos proyectos”, relató Cristian durante una entrevista
Con el paso de los años, la academia se transformó en mucho más que un club deportivo. Hoy es un refugio para decenas de niños que conviven diariamente con situaciones de violencia, abandono familiar y delincuencia.

Un lema nacido desde la realidad
La academia se hizo conocida en redes sociales por un lema que resume el entorno en el que viven muchos de sus integrantes: “Cambiamos las balas por balones de fútbol”.
La frase no nació como una estrategia publicitaria, sino como una descripción literal de lo que ocurre en el barrio.
Tenemos niños muy vulnerables. Hay niños cuyos papás están en prisión, otros son criados por sus abuelos y también hemos tenido niños relacionados con delitos”, explicó Cristian.
El otro lema de la academia es “Soñar es gratis”, frase que da origen al nombre “Sueños de Niñez”.
Según Cristian, el objetivo principal es demostrarles a los jóvenes que todavía pueden aspirar a un futuro distinto.
Muchos llegan pensando en convertirse en futbolistas profesionales, mientras otros simplemente buscan un lugar donde sentirse protegidos.
“No todos sueñan con el fútbol. Hay muchachos que quieren ser doctores o ingenieros, pero esta cancha es su salida”, comentó.
Su propio hijo es un ejemplo de aquello. Desde pequeño pasó por divisiones inferiores de clubes como Colo-Colo, Santiago Morning y Barnechea.
Actualmente estudia Ciencias del Deporte y trabaja entrenando a los niños más pequeños de la academia.




Entrenar bajo helicópteros y balaceras
La violencia en el sector es parte de la rutina. Mientras entrenan, los niños muchas veces observan procedimientos policiales, persecuciones o escuchan disparos a pocos metros de la cancha.
Cristian recordó un episodio reciente en el que un delincuente escapaba de Carabineros mientras los jóvenes realizaban una práctica.
“El muchacho arrancó, se subió por arriba y pasó a la carretera. Imagínate si hubiera ingresado disparando”, señaló.
Otra situación que marcó profundamente a la academia ocurrió hace algunas semanas, cuando uno de sus exalumnos de 15 años murió durante un intento de robo a un camión en Maipú.
“David era uno de nuestros exalumnos. Fue abatido por Carabineros y salió en las noticias”, contó Cristian con evidente tristeza.
También mencionó el caso de otro exintegrante de la academia que terminó vinculado al narcotráfico y fue asesinado recientemente
“Es complicado porque muchos de ellos crecieron acá con nosotros. Algunos terminan tomando malos caminos y esas noticias golpean fuerte a todos”, afirmó.
A pesar de aquello, Cristian asegura que jamás ha querido abandonar el proyecto.
Cree que mientras exista un niño dispuesto a entrenar, todavía hay esperanza.
La ayuda social que va más allá del fútbol




Además de entrenamientos deportivos, la academia desarrolla distintas iniciativas solidarias para ayudar a familias del sector.
Gracias al apoyo de agricultores de Maipú, Cristian y los jóvenes participan en jornadas donde recolectan verduras como lechugas, cebollas, betarragas y brócoli para luego repartirlas entre vecinos vulnerables.
“Cuando quedan cosechas sin vender, nos llaman y nos dicen que vayamos con los chicos. Después repartimos alimentos o los vendemos más baratos para juntar recursos”, explicó. Hace pocos días retiraron cerca de 15 sacos de cebollas, cada uno con aproximadamente 140 unidades.
Estas actividades también sirven para enseñar valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo y la solidaridad.
Las celebraciones de Navidad organizadas por la academia se han convertido en uno de los momentos más esperados por los niños del sector.
Allí participan apoderados, vecinos y colaboradores que ayudan a reunir regalos y alimentos.
Entre quienes apoyan constantemente el proyecto se encuentra Maribel Soto, vecina cercana a la academia y conocida por acompañar las actividades comunitarias.
Según relató Cristian, hace algunas semanas Maribel evitó ser víctima de un asalto mientras trabajaba como conductora de Uber.
La mujer tomó una carrera cerca de la penitenciaría sin saber que sería asaltada.
Sin embargo, durante el trayecto comentó que conocía al “profe Cristian” y que era del barrio.
“Los sujetos terminaron diciéndole que no volviera a tomar carreras ahí porque la iban a asaltar. Se salvó solamente porque nos nombró”, relató.
La situación dejó en evidencia el respeto que muchos vecinos —e incluso jóvenes vinculados a delitos— mantienen hacia el trabajo que realiza la academia.
Falta de apoyo institucional
A pesar del impacto social que ha generado “Sueños de Niñez”, Cristian asegura que el apoyo institucional prácticamente no existe.
Actualmente trabajan con cerca de 60 o 70 niños en una sola multicancha, luego de perder otros espacios deportivos debido a conflictos y amenazas en el sector.
“Hemos tratado de comunicarnos con la municipalidad hace dos años y nunca se han acercado a ver nuestro trabajo”, señaló.
El proyecto se mantiene principalmente gracias al esfuerzo económico de la propia familia y a pequeñas ayudas de vecinos o colaboradores.
Incluso uno de sus principales benefactores, quien donaba zapatillas y zapatos de fútbol para los niños, falleció recientemente tras enfrentar problemas relacionados con drogas.
“Los chiquillos le tenían mucho cariño. Su historia también nos recuerda por qué hacemos esto”, comentó Cristian.




Una cancha donde todavía se puede soñar
Aunque el contexto muchas veces parece adverso, cada tarde la multicancha vuelve a llenarse de niños corriendo detrás de una pelota.
Entre ejercicios, risas y gritos de apoyo, la academia intenta construir una realidad distinta para quienes crecieron rodeados de violencia.
Cristian reconoce que el lema “Cambiamos balas por balones” puede resultar incómodo para algunos sectores, pero cree que refleja exactamente lo que viven a diario.
“Es fuerte, pero es real. Nosotros tratamos de que los niños entiendan que tienen otra salida”, expresó.
Hoy, mientras buscan seguir creciendo y sueñan incluso con presentar una canción propia en el Festival de Viña del Mar, la Academia Sueños de Niñez continúa funcionando como una pequeña trinchera de esperanza dentro de uno de los sectores más complejos de Maipú.
Porque en medio de las balaceras, las pérdidas y el miedo, todavía existen personas convencidas de que un balón de fútbol quizás puede cambiar una vida.




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