Martes, Julio 16, 2024
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Reconocida doctora fue destituida por negarse a dejar morir a paciente en Hospital de Maipú: las frías cifras de la salud en Chile

La lucha por defender la vida de una paciente en la UCI del Hospital El Carmen de Maipú, llevó a la Dra. Claudia Vega a renunciar a su cargo, pasando de ser reconocida por su labor en la pandemia a convertirse en un obstáculo para conseguir cifras de eficiencia. Es parte de la vida privada de los hospitales, donde la falta de especialistas, la crisis post pandemia, la deuda creciente con clínicas privadas y las consecuencias en las listas de espera generan un sombrío panorama para la salud pública en Chile.

El año 2022, la previa del plan de invierno coincidió con la llegada de un comité especial de evaluación de la División de Gestión de Redes Asistenciales (DIGERA).

Este comité visitó durante abril el Hospital El Carmen de Maipú, con el objetivo de replicar la experiencia del Hospital de Rancagua, donde lograron optimizar el uso de camas críticas.

Durante esta intervención, y bajo la supervisión del subdirector de gestión médica del hospital, Dr. Enrique Fisher, ocurrió un incidente entre la entonces Jefa de la Unidad de Pacientes Críticos, Dra. Claudia Vega, y el comité visitante.

El comité tenía la misión de hacer rondas para revisar el estado de salud pacientes y asesorar sobre casa caso.

Cuando llegaron a la Unidad de Pacientes Críticos, dieron la orden de sacar a una paciente mayor de edad que estaba siendo tratada en la UCI.

La Dra. Vega estaba de turno y, como jefa de la unidad, estuvo en desacuerdo con la opinión del comité, ante lo cual le volvieron a dar la instrucción de dejar de entregar tratamiento a la paciente.

En un acto poco convencional, la Dra. Vega mantuvo su postura de que la paciente debía permanecer en la unidad con el fin de aumentar sus posibilidades de seguir viviendo.

La discusión subió de tono y terminó en un acalorado intercambio de opiniones, frente a los mismos pacientes cuyas vidas estaban siendo discutidas frente a sus ojos.

Después de recriminaciones mutuas, Vega no retrocedió en su postura y se negó a sacar a la paciente de la Unidad de Tratamientos Intensivos.

Al día siguiente, la Dra. Vega recibió una amonestación verbal del director del hospital por negarse a cumplir la orden del Dr. Enrique Fisher.

Es decir, fue amonestada por no dar de alta a una paciente de la tercera edad que se encontraba en medio de un tratamiento con antibióticos.

La “alatatón” del Hospital El Carmen

El objetivo de intervenir el Hospital El Carmen de Maipú estaba relacionado con mejorar los indicadores

El año 2020, el Observatorio Fiscal publicó un informe sobre el gasto hospitalario en Chile, donde concluye que hay grandes brechas desde un 3% a un 93% entre los recintos más eficientes y los menos eficientes en relación a su gasto por egreso.

El citado informe arrojó que podría haber un ahorro de hasta 846 millones de dólares si se mejorar la eficiencia hospitalaria.

Un estudio del 2022, confirma la diferencia de eficiencia de gasto entre los distintos servicios de salud en Chile, siendo el Servicio de Salud Metropolitano Sur Oriente el más eficiente y el del Servicio de Salud Araucanía Norte el menos eficiente.

En ese ranking el Servicio de Salud Metropolitano Central, del cual dependen la ex Posta Central, el Hospital El Carmen de Maipú y el Hospital Clínico San Borja Arriarán) tuvo un rendimiento de un 74,3%, levemente por encima del más bajo con un 74%.

Por lo tanto, había razones para que en marzo de este año aterrizara en Maipú el equipo de DIGERA liderado por los doctores Ximena Morlans, Roberto Araneda y Lenin España con la promesa de descomprimir las urgencias.

Si bien el programa había sido aplicado con éxito en Rancagua, La Serena y Puerto Montt, los problemas empezaron cuando en Maipú las cifras presentadas por el equipo visitador generaron extrañeza entre los médicos del hospital.

Según las cifras del hospital expuestas por la presentación de Digera del lunes 13 de marzo de 2023, el Hospital El Carmen era el peor de Chile.

Tal como lo expresa la Dra. Claudia Vega, “cuando vi las cifras, pensé no podían ser de UCI ni UTI, ya que me estaban acusando de una cifra de mortalidad de un 40% el 2022. Pude corroborar que no era verdad, y que finalmente era un 35%, que si bien es elevada es algo que yo disputo con otros hospitales y ni por lejos el peor de Chile. Decían que los días de ventilación mecánica eran 14 días y era imposible porque los días de estadía son 11 días. Mis datos son que el 40% de los pacientes están menos de 4 días ventilados, cifras equivalentes a cualquier hospital“.

Esta situación puso en pie de alerta a los médicos del hospital y entre los pasillos del hospital distintos jefes de unidades comentaban cómo las cifras presentadas no se ajustaban a sus propios informes.

Una situación que tuvo su punto de máxima tensión la noche que la Dra. Vega se enfrentó con el Dr. Fisher por la vida de una paciente.

Según relata la misma doctora, “pasaron por los servicios de UCI y UTI y me tocó una paciente que me exigió el Ministerio y el subdirector médico limitarla, es decir, limitación del esfuerzo terapéutico o dejarla morir. No hacer más esfuerzos para para darla de alta y que se muriera con su familia. Era una paciente de 90 años que tenía un hematoma en el brazo con tratamiento antibióticos, que estaba respondiendo al tratamiento. No encontré motivos para dejarla morir, porque si le cortaba los antibióticos se iba a morir infectada de la peor forma.  Le dije al subdirector que él firmara para hacer responsable, pero respondió diciendo que yo era la persona encargada de darla de alta”.

“Les dije mírenla, cómo la vamos a dejar morir, no tiene una enfermedad terminal ni un cáncer. Hablemos con la familia para que ella decida, pero me dijeron que la familia no tenía nada que ver. Estaba ahí el doctor Lenin España como director del equipo a cargo de los urgenciólogos”, agregó la ahora ex Jefa de la Unidad de Pacientes Críticos.

Gracias a eso ella pudo estar dos semanas más con su familia, y luego falleció por otras circunstancias.

A partir de esto, la Dra. Claudia Vega acusa que comenzó a ser hostigada por parte del subdirector, lo que se tradujo en menos horas de trabajo, restándole espacios en la toma de decisiones y poniendo en duda su profesionalismo médico.

Además de esto, la Dra. Vega, en consulta con otros profesionales del hospital, llegó a la conclusión de que los datos presentados por DIGERA que fueron usados como argumentos para la implementación de este proyecto piloto no coincidían con los datos reales del hospital.

La divergencia de datos quedó expuesta públicamente en una carta del Capítulo Médico del Hospital El Carmen de Maipú, fechada el 27 de marzo de 2023.

“En algunos servicios de nuestro hospital se han llevado a cabo destituciones de jefaturas que según nos han manifestado nuestros colegas no les han manifestado la causa o en otros casos solicitados por la DIGERA con datos no concordantes con los manejados por la unidad, sin su revisión correspondiente ni su comparativa estadística, esto principalmente referido a la UPC. La Dra. Claudia Vega, médica intensivista y jefa de la UPC hasta la semana pasada, cuya trayectoria ha sido reconocida por el Colegio Médico de Chile A.G. en el año 2021 otorgándole el “Premio Liderazgo Sanitario en pandemia Dra. Carol Ortíz Gutiérrez”, por su gran labor ejercida en nuestro hospital, fue removida de su cargo posterior a interponer una denuncia en contra el Dr. Fisher en la unidad de Relaciones Laborales, por malos tratos recibidos”.

La mención sobre la diferencia de datos no es casual ni menor, ya que uno de los principales argumentos manifestados por Digera en relación a la gestión del Hospital El Carmen del 2019 al 2022 dice relación con las cifras.

Según datos presentados por el comité, el hospital presenta tres problemas en base: alta mortalidad en cama UCI, estancias prolongadas en UPC, outliers por encima de lo esperado y peso medio bajo en UTI.

Los datos proporcionados por la Dra. Vega en su gestión de control difieren considerablemente del informe DIGERA, en especial en lo referido al número de mortalidad.

La doctora Vega señala que este no es un caso aislado. Opinión que fue respaldada en su momento por el Capítulo Médico, tras lo cual nació el plan piloto recibió el tristemente célebre apodo de “altatón”, entre los médicos de urgencia.

El término lo usaron en referencia a la práctica de dar de alta una gran cantidad de pacientes para aumentar la disponibilidad de camas y, de esta manera, mejorar las estadísticas, tal como lo señalan los médicos del capítulo en la misma misiva pública:

Junto con lo anterior, se nos informó que la gran cantidad de personas que pasa visita de “alta” o “altatón” como le han llamado algunos de sus integrantes, que dicho sea de paso nos parece una falta de respeto, y además vulnerarían el derecho de resguardo a la ficha clínica; además, de intervención de personal no médico en decisiones que competen sólo a nuestro gremio profesional. Lo anterior nos parece que reduce al paciente nuevamente a un número estadístico, más que una persona cursando por un proceso de enfermedad y que necesita la resolución de su patología según el nivel de complejidad adecuado. Los residentes y algunos jefes de servicio se ven obligados por el ministerio a dar un “número” de altas por día, sin ver la situación clínica real de los mismos, y si estos números-meta no se cumplen reciben respuestas en tonos amenazantes, sintiendo que peligra su puesto de trabajo, según nos han manifestado, generando ambientes enrarecidos y de acoso laboral”.

La historia de la Dra. Vega y lo ocurrido en el Hospital de Maipú es parte de un cúmulo de situaciones, que, hasta ahora, se mantienen en reserva, lejos de la opinión pública, pero que ayudan a explicar la realidad que se vive en el sistema de salud público chileno al más alto nivel profesional.

Situaciones como estas, junto a los coletazos de la crisis post pandemia, la falta de recursos, la judicialización de la salud y la diferencia de criterios médicos conforman una receta con malos designios para el futuro de la salud pública en Chile.

Hospital El Carmen de Maipú
Hospital El Carmen de Maipú

El diagnóstico reservado de la salud en Chile

En Chile existen 29 servicios de salud en los que se divide territorialmente la cobertura a nivel regional. Se trata de organismos estatales, descentralizados, con personalidad jurídica y patrimonio propia.

Son ellos los encargados de la articulación, gestión y desarrollo de cada red asistencial bajo su cargo en especial los hospitales y centros de salud asociados.

Por ser organismos estatales, están sujetos a reglamentos, escalas de sueldos y toda clase de trabajas burocráticas.

Un funcionario administrativo en el Centro de Referencia anexo al Hospital El Carmen de Maipú, la antigua posta de la comuna, nos comenta, con la condición de no mencionar su nombre: “¿Tú sabes que la escala única de sueldo no es única? Dejó de ser única el año 73. Existe la escala del Poder Judicial, de Contraloría.  Entonces, la escala única queda para los servicios públicos y la parte hospitalaria. Es lo peor pagado que hay. Desde el punto de vista de las personas que trabajan en la salud, uno no trabaja por bolitas de dulce”.

Su opinión no es casual, y expresa el sentir de muchos gremios que hace años vienen insistiendo en la necesidad de una reforma estructural en la manera cómo se financia el sistema público.

La pandemia obligó al sistema a una especialización forzada, desviando recursos y personal para hacerse cargo de miles de pacientes que enfrentaban la peor crisis de los últimos 80 años en la salud.

Si bien la respuesta a la Pandemia ha sido bien evaluada, comparativamente con otros países, la salud pública hoy actualmente enfrenta el dilema de cómo reinventarse luego de dos largos años bajo el estrés de la crisis del COVID-19.

En el informe “Panorama de la Salud” de la OCDE, Chile presenta importantes atrasos en inversión, cobertura financiera, gasto de bolsillo e infraestructura hospitalaria.

Mientras que el promedio OCDE en cobertura financiera obligatoria es de un 76%, en Chile sólo alcanza el 63%.

Por otra parte, mientras en Chile hay 2,9 médicos por cada 1.000 habitantes, el promedio de la OCDE es 3,7. Algo similar con la disponibilidad de camas, que en Chile es 2.0 por cada 1000 habitantes, mientras el promedio de la OCDE es 4,3.

Todo eso se traduce en insatisfacción de los usuarios y los principales actores, los técnicos y profesionales de la salud.

Los gremios ya han anunciado movilizaciones y se espera que la Ley de Presupuesto de respuesta a la necesidad de mantener en el sistema a los cerca de 6.000 trabajadores, que fueron desvinculados al sistema público de salud, tras el fin de la alerta sanitaria el pasado 31 de agosto.

El problema es que el sistema volvió a su estado anterior y con mayores problemas aún, ya que existe una cifra récord de pacientes en lista de espera, en medio de la crisis que viven las Isapres.

Entre abril y agosto de este año, las listas de espera crecieron en 100 mil personas.

En la práctica, esto significa que hay 2.353.000 personas en listas de espera por especialistas, 318.000 en lista de espera quirúrgica y 68.000 a la espera de garantías de oportunidad GES.

De ese total, se calcula que hay unos 15.000 pacientes que están a la espera de un tratamiento por algún tipo de cáncer.

Un número preocupante, si se toma en cuenta que más de 10 mil pacientes que estaban en esa lista de espera murieron entre enero y abril de 2023, un dato revelado gracias a un oficio solicitado por la Cámara de Diputados en julio de este año.

De ese total, 9.139 estaban esperando una consulta médica, 648 una atención odontológica, y 660 una operación.

De acuerdo a este informe, la mayor espera es por oftalmólogos con 201.867 casos, seguido por la espera de operaciones en traumatología con 45.325 y 25.305 adultos mayores esperando un procedimiento para nefrología.

Una situación reconocida públicamente por el subsecretario de Redes Asistenciales

“Los procesos de atención se han activado para dar respuesta no solo a quienes estaban en la lista de espera previo a la pandemia, sino también a quienes han ingresado desde que la red asistencial se reactivó. Si bien es cierto que hemos aumentado el número de personas en la lista de espera, es todavía más significativo que reduzcamos los tiempos de espera, que es en lo que estamos trabajando”, señaló en el marco de la discusión de la ley corta de Isapres.

“Nuestro principal cuello de botella no son las infraestructuras, es el personal sanitario, en particular especialistas. A corto plazo requerimos contratar más funcionarios (…). Por esto resulta tan incomprensible el despido del personal a honorario contratado para enfrentar los impactos de la pandemia. Su desvinculación sin duda ha impactado negativamente en las listas de espera”, agregó recientemente la diputada Danissa Astudillo (PS), integrante de la comisión de Salud.

Esa falta de especialistas se traduce en situaciones tan concretas como la falta de cardiólogos en Aysén, donde, resignados por la realidad, están implementando alternativas como las atenciones digitales, derivaciones a Santiago y utilización profesionales bajo su periodo asistencial obligatorio (PAO).

Fue el mismo Colegio Médico de Chile quien marcó el tono de la conversación, manifestando “preocupación por la falta de recursos para la salud de nuestro país, sobre todo en estos momentos que tenemos una larga lista de espera”.

Estos elementos configuran una tormenta perfecta que podría llevar a la salud pública a enfrentar una crisis aún no dimensionada.

Pablo González, médico de Urgencias Hospital El Carmen de Maipú y miembro del Capítulo Médico del mismo hospital, agrega más razones para preocuparse:

“Ya nos anunciaron que habrá un recorte de los médicos de la urgencia, donde quedaremos con 9 médicos menos en el día. Eso afecta los tiempos de espera. Nosotros tenemos definidos procesos de urgencia hospitalarios y ambulatorios, ahí están definidos algunos roles, porque tuvimos más de 100 pacientes hospitalizados en urgencia y se creó una unidad de continuidad, médicos de día para disminuir la carga de los médicos ambulatorios”.

Situaciones que se repiten en distintos puntos de Chile y dan cuenta del impacto que la falta de recursos tiene en la atención diaria de pacientes.

Una noche en el Hospital San José: el que no llora no mama

Es de madrugada en el Hospital San José de Independencia la noche del 4 de octubre, y la sala de espera de la Urgencia se llena de personas a la espera de ser atendidos.

Hay heridos de bala, adultos mayores descompensados, personas con dolores abdominales, accidentados, delincuentes custodiados por Carabineros.

Las ambulancias siguen cayendo durante la noche, trayendo más problemas a una sala de espera ya llena de personas.

Una vez catalogados por la gravedad de su situación, son atendidos los casos que requieren cirugía o estabilización.

Más adentro, el espacio es reducido, y tras cruzar la puerta que separa la sala de espera general de la atención de urgencia, se pueden ver pacientes esperando en camas en los pasillos y, más al interior, otra sala de espera donde hay unos 10 quienes permanecen sentados con una vía en la muñeca que les administra una solución con dipirona o viadil.

Después de una media hora de dolor, uno de ellos se pone de pie y se dirige al mesón donde hay personal médico revisando fichas; tras hacer las consultas por su estado, insistentemente, un enfermero se percata que la mariposa de la vía estaba cerrada.

No había sido correctamente aplicada y, por lo tanto, no estaba siendo tratado hace por lo menos 45 minutos.

El paciente se devuelve a la sala de espera “interior” y, tras contar su situación, se percatan que otra paciente de avanzada edad, estaba en la misma situación. La mariposa de su muñeca también estaba cerrada.

A las 3 de la mañana en la urgencia del San José no hay enfermeras o técnicos disponibles para hacer seguimiento a las personas que ya fueron atendidas y están a la espera de que alguien las revise después de la primera atención.

Una espera que puede extenderse hasta la madrugada del día siguiente.

Por esta razón, funcionarios pegan carteles en los muros de las salas de emergencia para que los usuarios no normalicen cosas tan básicas como hospitalizar pacientes en sillas o deban esperar eternamente por una cama.

La realidad de las urgencias de los hospitales o el caso de la Dra. Vega en Maipú dejan en evidencia la poca influencia que pueden llegar a tener los pacientes y las familias en cómo funciona el sistema de salud y, sobre todo, como impacta en su calidad de atención.

Desde no ser consultados al momento de cortar un tratamiento crítico, hasta el ser ignorados en una sala de espera hasta el desconocimiento de sus derechos en las leyes de salud.

En las emergencias de los hospitales hay poca o nula asesoría sobre los beneficios o trámites que debe realizar un paciente.

Así lo pudimos constatar en primera persona tanto en el Hospital El Carmen de Maipú como en el San José, donde pudimos reportear en terreno la realidad de esperar por una atención de urgencia.

Por ejemplo, respecto del plan de Garantías Explícitas de Salud (GES), o más conocido como Plan Auge, el cual garantiza por ley acceso a salud por el 70% de los problemas más grave de salud.

Valentina Reyes es estudiante de enfermería en su tercer año. Su padre fue diagnosticado con cáncer a la próstata el año pasado.

Valentina confiesa su impotencia porque “si mi papá no me hubiera tenido atenta a su situación, no sé qué hubiera pasado, a la espera de un llamado telefónico. El sistema no esta funcionando porque una Ley que tiene plazos como lo es el GES debería activarse de manera automáticamente, no quedar a manos de los pacientes, que estás más preocupado por no morirse y, en segundo lugar, por las deudas que tendrán. Su última preocupación es el funcionamiento de las prestaciones”, comenta para este reportaje.”

Gracias a su conocimiento, Valeria pudo orientar a su papá cuando en una ventanilla del hospital San Borja le dijeron que no era posible atenderlo por falta de personal médico.

Finalmente, su papá pudo ser atendido en el Hospital Clínico de la Universidad Católica sin pagar.

En efecto, el GES busca que el estado asegure la cobertura de un número determinados de problemas de salud, tanto para Fonasa como para Isapres.

Son 87 los problemas de salud que GES garantiza al día de hoy, entre los que se incluyen 14 tipos de cáncer, como por ejemplo:

  • Salud oral integral de la persona gestante (mujeres embarazadas)
  • Hemofilia
  • Cáncer gástrico
  • Cáncer de mamas en personas de 15 años y más
  • Leucemia en personas de 15 años y más
  • Trauma ocular grave
  • Fibrosis quística
  • Depresión en personas de 15 años y más
  • Esquizofrenia

Si una persona tiene una de estas 87 enfermedades, debe acercarse a su Isapre o Fonasa con el certificado médico de la enfermedad y llenar un formulario.

Con todos sus problemas, GES es un beneficio directo para mejorar la atención de los pacientes, acudiendo al sistema privado cuando el público no llega a tiempo.

Pero como todo en la vida tiene un costo, el problema es que las deudas que Fonasa suscribe con el sector privado siguen creciendo.

El año 2022 las clínicas privadas tienen una deuda sin pagar de unos 600 millones de dólares. A esto se suma pérdidas declaradas por las Isapres de 169 millones de dólares

En agosto de este año se publicó el fallo por el precio GES, el cual se reajusta cada tres años, llevando a cientos de miles de usuarios a apelar a las cortes para dejar sin efecto dichas alzas.

Con esto la Corte Suprema ordena que las Isapres que subieron sus precios GES el octubre pasado deben rebajar sus cobros al precio previamente fijado.

Banmédica y Vida Tres habían interpuesto recursos de aclaración, rectificación o enmienda; por su parte, Colmena, Consalud y Cruz Blanca optaron por interponer incidentes de nulidad.

Sin embargo, el 31 de octubre de ese año la Corte Suprema rechazó todos los recursos de Isapres por primas GES y dio luz verde a aplicación del fallo.

En este escenario, las Isapres acusan que colapsarán en los primeros tres meses si el fallo se aplica tal como está.

De ahí la importancia de la Ley Corta de Isapres, que aún es objeto de indicaciones en el Congreso, el cual busca el doble propósito de dar cumplimiento al fallo sin que el sistema deje de ser sostenible.

En esto, el Senado ha tenido un rol de gran relevancia y, en especial, el presidente de la Comisión del Senado de la cámara alta, Juan Luis Castro

“Hay una razonabilidad enorme para poder llegar a fórmulas que pudiesen mantener este doble propósito de que haya cumplimiento de sentencia, pero a la vez, sostenibilidad del sistema”, señaló el senador a pocos días del ingreso de las indicaciones al proyecto del gobierno.

También tendrá mucha influencia la decisión que tome la Superintendencia de Salud en la forma como aplique el fallo.

“En el fallo del GES la instrucción es directa sobre las Isapres. No hemos recibido instrucción nosotros como Superintendencia, a diferencia de los fallos de adecuación precio-base y tabla de factores, por lo tanto no podemos requerir una ampliación de plazo porque no estamos instruidos en eso“, manifestó Víctor Torres, Superintendente de Salud, advirtiendo que, de no mediar legislación, están de manos atadas.

Nota al cierre: ¿es posible mejorar el sistema?

Hace meses ya que la Dra. Claudia Vega renunció a su trabajo en el Hospital El Carmen de Maipú. Hoy trabaja en una clínica privada.

Después de ser reconocida por su trabajo durante la pandemia, fue destituida de su cargo y finalmente terminó dando un paso al costado.

Igual suerte corrieron el ex director del hospital, Dr.  Eduardo Senda, y el subdirector de la época, Dr. Enrique Fisher.

En mayo de este año renunció la jefa de urgencia, Dra. Fabiola Alzamora, en medio de acusaciones por las cifras de las tasas de mortalidad, según informó el diario La Voz de Maipú.

Para quienes trabajan en el sector público, no es sorpresa la alta rotación de directores, jefes de unidades o especialista en los hospitales públicos.

“No nos parece que los directores estén sujetos a los grupos políticos de turno”, declaró la Presidenta de la Fenats Nacional SAMU- SAR Base Rancagua, Patricia Parra, donde pasaron 3 directores en un año (el mismo hospital de referencia para la intervención de Digera en Maipú).

En Maipú la situación no es distinta y la Fenprus levantó las alertas a comienzos de este año cuando denunció la falta de concurso público para elegir al entonces nuevo director Eduardo Sendra, quien no alcanzó a terminar el año en su puesto.

“Caso preocupante es el del Hospital El Carmen de Maipú. Luego de que asumieran por muy cortos periodos dos directores del Hospital El Carmen de Maipú, dejando al recinto en un estado de incerteza, asumió como director subrogante el Dr. Eduardo Sendra Arratia, sin un proceso de concurso de Alta Dirección Pública”,  según explicó la dirigenta nacional Selma Núñez a través de un comunicado público.

Después de ocho meses del incidente en la UCI del Carmen, hablamos con el vicepresidente del Capítulo Médico del hospital, el Dr. Andy Jurado.

Nos cuenta que después de dos intentos, finalmente el nuevo director fue contratado bajo concurso público.

Sin embargo, “la altatón” sigue siendo un tema tabú en el hospital.

“Lo más grave es que se tomaran la atribución de llamarle la atención a la doctora y luego haberla despedido, porque es una muy buena profesional y excelente ser humano. Lamentablemente, se dieron cuenta muy tarde de que necesitábamos tenerla en el equipo”, concuye.

Reconoce abiertamente que “hubo un afán de querer dar altas a diestra y siniestra para mejorar las estadísticas del día cama en el hospital. El paciente debe ser atendido el tiempo que sea necesario. Algo positivo es que nos dimos cuenta que por primera vez todo el equipo médico estuvo unido“.

Los antecedentes de este reportaje fueron puestos en conocimiento de la dirección del Hospital El Carmen de Maipú, hoy dirigido por el enfermero con especialidad en administración, Cristián Cáceres.

Hasta el cierre de esta nota, el Hospital El Carmen no se ha querido pronunciarse oficialmente sobre el tema.

El Hospital El Carmen de Maipú define su misión como una centrada en las personas, con altos estándares de calidad y seguridad en los procesos asistenciales y administrativos, para lograr una atención de excelencia, oportuna, digna, confiable, inclusiva y cercana a las personas.

Por su parte, la unidad jerárquica de la que depende el hospital también define su actuar en el “marco de respeto de los derechos y dignidad de las personas con calidad sanitaria, usando los recursos con eficiencia y equidad”.

Algo no muy distinto a las declaraciones de principios, valores y objetivos de muchos hospitales a lo largo de Chile.

Palabras que contrastan con casos como la accidentada intervención del Ministerio de Salud en el Hospital El Carmen, o las largas listas de espera que afectan a miles de usuario a la espera de una atención médica.

Surgen dudas si la familia de una persona de 90 años a la que se le niega el tratamiento en una UCI calificaría esa atención como digna, confiable o incluso cercana.

Algo que también aplica para las más de 10 mil personas que, sólo este año, han fallecido esperando un llamado para una consulta médica.

Descoordinaciones, falta de previsiones y visiones encontradas en un sistema que intenta recuperarse de una pandemia, pero que no logra encontrar un camino de salida.

Este reportaje es fruto de un trabajo dedicado. Son horas, días e incluso meses de trabajo, leyendo, investigando o ganando la confianza de nuestras fuentes. Si quieres aportar más antecedente a este caso o uno similar, escríbenos confidencialmente a contacto@prensaponiente.cl

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